El MoraBanc Andorra se va de Málaga ahora mismo. Lo hace cansado. Con el alma un poco dolorida por la resolución contundente de la semifinal de ayer pero con un poso de satisfacción en el alma por lo que generó la ya inolvidable victoria del viernes. Durante más de 24 horas el MoraBanc, y de la mano mucha gente en Andorra, soñó con la posibilidad de jugar una final de Copa. Y esta sensación, un pelín vertiginosa y que tal vez acusó el equipo, es lo que deja esta participación en la Copa. El club ha llamado a la puerta de los sueños más grandes que hay, los de los títulos y ayer noche tuvo un despertar brusco que por otra parte apelando a los datos tampoco es tan extraño. Unicaja es un equipo de potencial claramente superior y, además, jugaba en casa. Las imágenes de comunión entre equipos y aficionados en Málaga quedan ya para siempre. «Para poder jugar una final antes de jugar y ganar una semifinal. Llevamos dos semifinales en dos temporadas y seguiremos dándole hasta conseguir derribar este muro «afirmaba ayer en rueda de prensa Ibon Navarro. Moussa Diagne admitía que la derrota «es dura pero estamos orgullosos de lo que hemos hecho». Francisco Solana afirmaba que «debemos aprender del partido de hoy para hacer las cosas mejor si volvemos a tener una oportunidad como ésta». Y el presidente Gorka Aixàs bajó al vestuario a felicitar jugadores y técnicos y alentar para que «tenemos todavía objetivos muy bonitos por conseguir». El equipo vuelve a Andorra en una semana diferente porque no habrá competición por las ventanas FIBA ​​en las que el MoraBanc tendrá tres jugadores implicados Tyson y Nacho con España y Todorovic con Serbia.