71-71. Ya bien entrado el último cuarto. Remando, luchando, apretando los dientes y buscando recursos donde no parecían existir el MoraBanc Andorra ha llevado al Real Madrid al límite para conseguir una plaza en las semifinales de la Liga Endesa. En ese momento talento imposible (porque este chico hace cosas imposibles) de Sergi Llull ha puesto distancia con una racha de sus. Y al final el 95-84 con que han terminado los 40 minutos ha sido simplemente una rúbrica, una cifra con que loza punto final a una enorme batalla. El MoraBanc sólo ha claudicado cuando ya no había espacio donde seguir corriendo y disparando. Donde mantener viva la guerrilla en una revolución maravillosa que ha puesto de los nervios el público del Wizink Center. Los nervios blancos, la presión que flotaba en la pista y la forma en que ha celebrado la afición local la victoria es el mejor homenaje a auest col Colectivo de jugadores. Los apóstoles del #MaiPor que han hecho bueno el lema desde el primer día de pretemporada. El relato de un ejercicio de crecimiento y consolidación del proyecto, de descubrimiento de nuevos terrenos descansa sobre la base de haber conseguido lo que se pretendía, un equipo que conectara con el público, que despertara complicidades y amor. Y todo ya sucedido de manera natural por el que además las victorias ha llegado mayoritariamente en la Bombonera, donde los rivales se han encontrado con un equipo impactante.
Y este es el equipo que hoy ha jugado al Wizink Center. Dispuesto a chocar y responder a cada reto de la manera que hiciera falta. Y el Madrid, muy físico todo el partido, ha impuesto un ritmo alto de exigencia consciente de que la profundidad de un equipo y otro en todos los sentidos no es la misma. El tren a velocidad estable del Madrid cuesta seguir. 28-17 al finalizar el primer cuarto. Pero allí donde quizás no llegaba un gran acierto (excepto el siempre imperial Shermadini), el MoraBanc aportaba capacidad de supervivencia. Admirable. El 46-39 del descanso dejaba las cosas abiertas. El tercer cuarto se ha jugado de tú a tú. A toda pastilla y a pesar de ir siempre por detrás de los de Peñarroya no perdían de vista el gigante blanco. Al final de los primeros 30 minutos, 69-66. El público estaba enfadadísimo con la actuación arbitral que, puestos a ser francos, ha tenido balanceos algo difíciles de entender y alguna decisión ya directamente muy complicada de explicar.
Pero este clima de nervios y tensión del Madrid y de la afición, sólo quería decir algo, el MoraBanc Andorra estaba cerca de dar una enorme sorpresa.
El último cuarto arrancó con intercambio de golpes. Con imprecisiones y grandes aciertos. Un partido de playoff vaya. De los clásicos. De los buenos. Y con 71-71 Llull ha hecho la distancia que el MoraBanc Andorra ya no pudo recuperar.
Aunque no bajar los brazos en ningún momento.
Gran temporada, nostalgia pura a pesar de vivir el presente. Un grupo así de bonito deportivamente y humana no se da fácilmente y ahora el reto del club será mantenerlo lo máximo posible.