Aunque se avise a la previa, aunque los resultados de los primeros partidos lo indiquen así, a pesar de los avisos, por algún misterioso motivo al ambiente parecía planear la sensación de que hoy una victoria local era obligada y que el rival no tenía argumentos para discutir demasiado. Y esas sensaciones de plato cocinado antes de pasar por los fogones acaban siempre igual. Los jugadores de una manera o de otra pueden ser permeables y más viniendo de un festival como el del miércoles en Eurocup. Pero aún así la derrota por 77-82 de hoy con el Baxi Manresa está llena de muchas historias pequeñas, la mayor, el titular, es la victoria de los del Bages. La más importante y el titular es que para muchas virtudes que tenga un equipo, si no se juega con el cuchillo entre los dientes pierdes seguro. Una lección valiosa por lo que queda de competición, que es casi todo por un grupo que sigue ajustándose y buscando referencias.

Una de las historias tiene nombre propio y se llama Dylan Ennis. El canadiense ha hecho 36 puntos y valoró la salvajada de 48 que es el récord de la historia del club en la ACB. De hecho Ennis, valoró bastante más de la mitad que todo el equipo junto, que se ha quedado en 76. A pesar de esta exhibición extraordinaria, el equipo ha perdido y de poco servirá para Ennis ha brillado aún más porque el tono del equipo ha sido bien gris.

Otra de las historias hay que buscarla en el reparto de las tareas por parte de los visitantes que han sido muy firmes en todo momento, y que han marcado la pauta del partido desde el segundo cuarto. Vene y Lalanne han sido los más acertados pero han tenido muchos socios y muy buenos hoy. Por momentos parecía que el Manresa anticipaba las decisiones que tomarían en ataque los tricolores.

Otra de las historias radica en el baloncesto en sí mismo. Hoy el Baxi Manresa ha sido mejor pero ha podido perder perfectamente. De hecho en el último cuarto, el ambiente de la Bombonera ha hecho subir la energía de los de Ibon Navarro y los ha impulsado hasta estar muy cerca de poder empatar o voltear pero ha faltado acierto y clarividencia. Ha habido un montón de oportunidades fallos que todavía ponen más pimienta a la frustración.

La última historia quizás hay que buscarla en el precioso y bonito homenaje que ha tenido Joan Peñarroya en los prolegómenos del encuentro. Se le ha ovacionado, se le ha mostrado reconocimiento y amor. Ha sido muy bonito, pero a la vez ha concedido un ambiente diferente al partido. Más de gala emotiva que no de partido a sangre y fuego. Peñarroya ha emocionado visiblemente pero cuando ha comenzado el partido se le ha pasado rápido, ya sus jugadores igual.

El MoraBanc afronta ahora un calendario exigente con partidos fuera, Belgrado y Gran Canaria la próxima semana.